Manifiesto
¿Te detienes, te sientas y piensas?
¿O caminas, corres y vuelas mientras piensas?
La velocidad de transformación de la sociedad contemporánea despierta el deseo de observar el surgimiento de lo nuevo y sumergirse en ello con la mente abierta.
Pero todo nuevo escenario plantea preguntas.
¿Cómo transforma al individuo y al grupo?
¿Cómo crea hábitos y establece gradualmente nuevos patrones de comportamiento colectivo?
Desde una perspectiva económica, ¿cómo puede generar negocios y producir ventajas competitivas?
Observar estos cambios exige perspectiva.
Es como mirar la sociedad desde lo alto de un edificio o una montaña: alejarse lo suficiente para ver el conjunto sin dejar de percibir lo que sucede con cada persona.
Es necesario mantener la mente activa: analizar, ponderar, cuestionar y reflexionar sobre lo que surge ante nosotros.
Este ejercicio produce conocimiento y renueva nuestra manera de pensar.
Pero existe una pregunta aún más cercana:
¿Qué cambia esto nuevo en ti?
Formas parte de la sociedad y también recibirás su impacto.
Tu cerebro creará nuevas conexiones para lidiar con aquello que aún no conoce.
Surgirán nuevos hábitos. Nuevas formas de percibir, decidir y actuar pasarán a formar parte de tu vida.
Te corresponderá reconocer hasta qué punto deseas incorporar estos cambios y hasta qué punto permitirás que te transformen.
Por eso, recibir lo nuevo no significa aceptarlo sin reflexión.
Es necesario experimentarlo y, al mismo tiempo, criticarlo conscientemente.
Toda innovación puede ampliar posibilidades, pero también producir consecuencias no deseadas.
La sociedad debe establecer límites capaces de reducir sus efectos nocivos sin sofocar aquello que puede aportar de transformador.
El control excesivo puede estrangular lo nuevo antes de que madure.
La ausencia de reflexión puede permitir que nos conduzca sin que lo percibamos.
Entre resistirlo todo y aceptar cualquier cosa existe un espacio para observar, experimentar, cuestionar y elegir.